El secreto de Zidane para mandar en los últimos clásicos: Modric como revulsivo

Luka Modric celebra su gol en el Camp Nou.

Un clásico bajo el coronavirus provoca imágenes extravagantes. Por ejemplo, ver llegar a Benzema al Camp Nou vestido de corto y en chanclas con calcetines. Al tener que evitar los vestuarios, los futbolistas deben entrar al campo vestidos para jugar. A esas horas, un rato antes de comenzar, Luka Modric hablaba con Jovic en los asientos reservados para los suplentes blancos.

Por tercera vez consecutiva, el croata fue suplente en el gran partido de la Liga, en una tendencia nada casual. Zinedine Zidane entendió hace un año que para frenar al Barcelona necesitaba a Valverde en el campo, dejando al croata para el tramo final. En los tres partidos, el Balón de Oro de 2018 ha salido para dar aire al centro del campo y ayudar a rematar las dos victorias y el empate que enlaza el Madrid en sus últimos duelos ante los azulgrana.

En el Bernabéu, el 1 de marzo, vio en el césped el 2-0 de Mariano y este sábado fue él mismo quien cerró la tarde anotando el 1-3. Donde la mayoría tiembla, él sonríe. Recorte dentro del área y elegante remate de exterior. Suave y caballeroso hasta para rematar al enemigo histórico. Segundo encuentro consecutivo donde ve puerta el 10, tras el chut a la escuadra del pasado miércoles ante el Shakhtar. Aquel gol lanzó una remontada fallida, pero el del Camp Nou coronó un triunfo sabrosísimo, de los que despejan crisis y las traspasan al máximo rival. Con espacios y un Barça agotado, el centrocampista se apropió de la pelota en el tramo final.

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